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Hermanos Saíz: Cuba en su pensamiento y acción

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Corría el año 1957 cuando la dictadura de Fulgencio Batista manchó sus manos de sangre -como en tantas ocasiones- para silenciar las ideas y el latir de corazones jóvenes por una Cuba sin opresión, igualdad y un futuro de bien.

Dos hermanos residentes en el municipio de San Juan y Martínez, en Pinar del Río, se negaron a conformarse con un presente de mutilación y oscuridad, para convertirse entonces en blancos de un gobierno déspota, temeroso de perder su poderío en la Isla.

Luis y Sergio Saíz Montes de Oca, de 18 y 17 años, respectivamente, cayeron asesinados el 13 de agosto hace seis décadas, el día en que se disponían a romper la aparente calma imperante en el territorio, para celebrar el cumpleaños número 31 de Fidel Castro, quien en la Sierra Maestra luchaba junto a otros hombres en pos de una república como la soñó José Martí, “con todos y para el bien de todos”.

Jóvenes de arraigadas convicciones políticas y madurez a pesar de su corta edad, ambos asumieron importantes responsabilidades en el Directorio Revolucionario y el Movimiento 26 de Julio (M-26-7) en su terruño y manifestaron sus inquietudes sobre el mañana.

Tras el levantamiento del 13 de marzo de 1957, los hermanos se pronunciaron en huelga en respaldo a las acciones y a las víctimas, de ahí que Sergio, en nombre del resto de los educandos del Instituto de Segunda Enseñanza de Vueltabajo, leyera el documento de su autoría ¿Por qué no vamos a clases?, en el cual transmitió las motivaciones de una generación harta de arbitrariedades.

“Ser estudiante (…) es llevar en la frente joven las preocupaciones del presente y el futuro de su país, sentirse vejado cuando se veja al más humilde de los campesinos o se apalea a un ciudadano. Es sentir muy dentro un latir de patria, es cargar bien pronto con las responsabilidades de un futuro más justo y digno”, señala el alegato.

Pero, sin lugar a dudas, ¿Por qué luchamos? devino testamento político de Luis y Sergio, en el que aseguran: “No tenemos más que nuestras vidas, avaladas con la honradez de un pensamiento justo y una obra inmensa que realizar y como ofrenda de amor y desprendimiento las hemos depositado en los brazos de la Revolución Cubana -justa, grande, renovadora, socialista-, sin más esperanzas que ver cumplidos nuestros sueños”.

“(…) Es necesario, imprescindible digamos, llevar a cabo la justa Reforma Agraria que dé la tierra al campesino y que con la creación de granjas agrícolas colectivas se reparta la riqueza de la cosecha entre los que la hicieron y así eliminan los ladrones y geófagos que roban el sudor de otros”.

En el Instituto de Segunda Enseñanza, Luis redactó el trabajo “Las razas, el problema racial en Cuba”, durante el quinto curso de Letras en el periodo de 1954- 1955.

“Y esta fórmula básica que ha caracterizado el racismo durante todos los tiempos, que apela a los más bajos instintos del hombre, que exalta su orgullo y su vanidad, no es más que movimiento político-económico con el cual se han justificado las mayores salvajadas, y los más negros hechos de la historia. Primero la explotación y el exterminio de los indígenas de América (…) después los 400 años de explotación del negro y en los tiempos modernos, la catástrofe sangrienta del nazismo”.

Los jóvenes

Relatos de Esther Montes de Oca, su madre, afirman los principios humanistas de los jóvenes mártires, incluso, desde niños, cuando antes de llegar a la escuela pública se quitaban las medias para estar a la par de los alumnos pobres del pueblo.

Muchas anécdotas dan fe de la estirpe de ambos, que en varias ocasiones viajaron a Estados Unidos. Durante una estancia en Carolina del Norte, Luisito cedió su asiento en un ómnibus a una mujer negra embarazada y con otro hijo en brazos; y el chofer lo increpó debido a las diferencias raciales en esa sociedad, hecho que disgustó al primogénito de la familia.

Esther los definía como jóvenes muy buenos, que desde pequeños trataron a los niños por igual, sin distinciones por color de la piel o posición económica, pues consideraban que no eran parámetros para distinguir a las personas, sino sus ideales y actuación.

“Sergio era muy alegre, amigo de hacer chistes; Luisito, todo lo contrario: era medido, muy respetuoso. Eran dos caracteres opuestos, aunque sus maneras de pensar ante los problemas de la sociedad fueron iguales”, destacó una vez a la prensa.

Remarcó que “para ellos su pueblo era su pueblo; no había nada como San Juan, lo quisieron como a una novia. En cualquier lugar que ellos estaban siempre pensaban cómo estaría San Juan, cómo lo podían arreglar, tratar de ser útiles”.

A partir de su incorporación a las actividades clandestinas para derrocar al gobierno de Batista, los hermanos estaban convencidos de que su muerte llegaría en cualquier momento, y así lo expresó Sergio en un poema, como avizorando su caída: “Cuerpos que yacen dormidos/ abrazados al cemento/ de una calle y una estrella…”.

13 de Agosto

En una oportunidad, Gustavo Villafranca, amigo y revolucionario que por esos años fungía como dependiente de la tienda La Moda -sitio muy visitado por miembros del M-26-7-, narró los sucesos del 13 de agosto de 1957.

«Un esbirro de la tiranía, en la calle frente al entonces cine Martha, insistió para registrar a Sergito, y Luis, que estaba algo alejado, corrió en su defensa; entonces el hombre les disparó, primero a quien se acercaba corriendo, y luego a su hermano.

«Yo escuché los tiros desde mi casa y cuando llegué ya habían sido trasladados a la cercana Casa de Socorros, y yacían muertos.

«Todo el pueblo se volcó a la calle, y al pasar frente a su casa, Esther salió al portal y preguntó qué pasaba, un desconocido le dijo que habían matado a los hijos del juez sin saber que hablaba con la madre.

«El velorio fue multitudinario, pese a las presiones de la dictadura; los combatientes de la lucha compramos un rollo de tela negra y paquetes de alfileres e hicimos lazos para usarlos en señal de luto en el funeral».

Fuentes históricas refieren que luego del disparo que acabó con la vida de Luis, Sergio desde el suelo se abrió la camisa y exigió al soldado: “Asesino, has matado a mi hermano, hazlo conmigo también”; tras lo cual le atravesó los pulmones.

Hoy el ejemplo de Luis y Sergio Saíz Montes de Oca vive en cada joven que siente a Cuba suya, y por la cual estaría dispuesto a sacrificarlo todo.

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